La preciosa Ruta de la Costa da Morte en Galicia, situada en la parte noroeste del litoral gallego, nos ofrece infinidad de rutas para disfrutar de impresionantes paisajes, gastronomía excepcional, historia, religión y cultura sin límites.

En esta ocasión, y tras haber disfrutado de la Ruta de la Camelia o la Ruta dos Faros, nos adentramos en una Ruta por la Costa da Morte a través de los impresionantes miradores que encontramos en las distintas localidades o lugares en los que pararemos para dejar que nuestros sentidos se inunden de la Galicia más salvaje.

Itinerario

Mirador de Caión, nuestro punto de partida

En la localidad de A Laracha, en plena comarca de Bergantiños, nos espera su mirador, un lugar desde el que podremos tener unas vistas únicas de la playa de Caión y su entorno. Situado a unos 25 kilómetros de A Coruña, aquí arrancamos nuestra aventura por los miradores más espectaculares de la Ruta de la Costa da Morte.

Mirador del Cabo de San Adrián, un lugar de culto

Situado en la localidad de Malpica de Bergantiños, su ermita, en la que se venera a San Adrián con una romería a mediados de junio, es uno de los atractivos de este mirador donde la extensión de la mar nos embauca desde que llegamos. Ver las Islas Sisargas justo enfrente rodeadas de ese mar azul oscuro, con el faro vigilante, es un espectáculo que no debemos dejar de contemplar.

Punta Nariga: sobrecogedor paisaje natural

Un barco labrado en la piedra coronado por el faro que apunta hacia la mar como si fuesen a salir a navegar, es la primera visión que encontramos en Punta Nariga, un lugar estremecedor, que sobrecoge sobre todo en días en la que la mar bate brava.

Subiendo al mirador del faro, tendremos la sensación de que vamos a navegar sobre las aguas y al bajar las rocas que lo rodean, caprichosamente talladas por el viento y el agua, nos darán la perfecta panorámica del lugar impresionante en el que nos encontramos.

Punta do Roncudo, leyenda viva

Este cabo situado en Ponteceso debe su nombre al eco ronco que el Atlántico produce en la costa. Trágica protagonista de naufragios, la fuerza del océano está patente en esta zona y sus tres cruces nos recuerdan a aquellos que perdieron la vida en esas aguas y que han quedado dentro de la triste historia marítima.

En sus impresionantes acantilados los mariscadores se juegan la vida para arrancar de las rocas el percebe más exquisito de la Costa da Morte… y dicen que de toda Galicia, cuyo explosivo sabor se lo debe al batir del océano.

Mirador de Monte Branco, donde el río encuentra la mar

El viento hace que una fina capa de arena blanca, que le da nombre a este monte, suba por su falda y le otorgue una peculiar visión. Este Monte Branco se encuentra en el estuario de Anllóns, donde el río se encuentra con el mar. En lo alto del monte encontraremos unas vistas preciosas de playas, acantilados, dunas… con A Barra, una lengua de arena situada en la playa de O Medio, que parece querer que el río no toque el Atlántico.

Monte Insua, un homenaje a las mujeres de los marineros

Si queremos tener unas vistas privilegiadas del océano Atlántico, subiremos hasta el Monte Insua donde está el Faro de Laxe. Aquí no sólo disfrutaremos de la infinidad del océano a nuestra izquierda, con la ría de Laxe haciendo de barrera a la derecha, también nos emocionaremos con ‘A Espera’, una escultura que representa a todas esas mujeres, madres y esposas, y a sus hijos que esperan ver volver a sus hombres, marineros curtidos en mil batallas contra la mar.

Mirador de Lobeira, la ría de Arousa a nuestros pies

En Vilanova de Arousa encontramos el Monte Lobeira, coronado por su impresionante mirador que hace que tengamos una panorámica preciosa en los días despejados de la Ría de Arousa y del valle del Salnés.

Cabo Vilán, linterna de la Costa da Morte

Situado en Camariñas, el faro que corona este cabo es uno de los más potentes de la Ruta de la Costa da Morte (puede verse la luz a 55 kilómetros), no en vano señaliza uno de los tramos más peligrosos de la costa gallega. El viento, los acantilados y el rugir del mar harán que se nos encoja el corazón en este enclave que es visita obligada.

Monte Farelo, el mirador de las cuatro provincias gallegas

Una de las peculiaridades de este mirador de Monte Farelo (situado en Antas de Ulla, Lugo) es que podremos contemplar las cuatro provincias gallegas girando 360 grados. El mirador es de estilo modernista y nos va a regalar hermosas vistas al norte de la sierra de O Careón; al sur la sierra O Faro; al este los Ancares de Lugo; y al oeste la sierra O Candán.

Punta da Barca, emblema de la Costa da Morte

En Muxía, donde el recuerdo del desastre del ‘Prestige’ sigue muy vivo, nos encontramos el Santuario de Nuestra Señora de la Barca, del románico, construido en el siglo XII,  y cuya visita es obligada.

Puro emblema de la Ruta de la Costa da Morte. El paisaje donde se encuentra el santuario y el faro de Muxía nos va a dejar sin palabras: rocas, estruendo de la mar, olor a salitre… la inmensidad.

Mirador Monte do Facho, donde el verde y el azul se unen

Preciosas las vistas que nos ofrece este Mirador do Facho en la localidad pontevedresa de Cangas donde el verde de los prados y montes y el azul oscuro del mar nos regala una postal idílica. Además veremos las Islas Cies y Ons y una panorámica preciosa de buena parte de las Rías Baixas.

Punta Buitra, o como caminar sobre el océano

En la Ruta dos Faros a pie, la visita a Punta Buitra, en Muxía, es obligada. La subida requiere esfuerzo pero merece la pena sólo por  disfrutar de la sensación de estar caminando sobre el océano. Unos pocos pinos serán nuestros compañeros y el restos, territorio agreste,  con el océano como compañero y los acantilados recibiendo su azote.

Cabo Touriñán, la última puesta de sol de Europa

En Cabo Touriñán, un lugar rudo, casi inhóspito con sus dos faros, llama la atención por su sobriedad. Situado en el extremo más occidental de la España peninsular. Aquí podemos contemplar, cuando arranca la primavera y termina el verano, la última puesta de sol del continente europeo. Un espectáculo que, sin duda, merece la pena contemplar.

Cabo Finisterre, donde el océano apaga al sol

El Cabo Finisterre lo conforman el reconocible faro octogonal. Un edificio llamado la Vaca de Fisterra que alberga una sirena de alerta y otro llamado el Semáforo. Desde aquí se mandaban señales la los barcos de guerra desde que fue construido en 1879.

En el Fin del Mundo, Fisterra, podemos ver una puesta de sol que, sólo por eso, merece la pena una visita. El sol va cayendo sobre el horizonte mientras que el océano parece tragarse a la estrella, lo apaga con su fuerza. Entonces el último rayo, después la oscuridad,  la nada, el final.

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