El Camino de Santiago es una experiencia tan profunda que cuesta ponerla en palabras. Para algunos es un desafío personal; para otros, una oportunidad de desconectar. Y para muchos, también un viaje gastronómico, pues al final de cada etapa siempre nos espera un pequeño homenaje en forma de aperitivo, una muestra de la gastronomía local que hace que cada kilómetro recorrido y cada ampolla tengan recompensa. Y todo ello sucede en lugares mágicos donde la gastronomía gallega se convierte también en un atractivo indispensable que nos acompaña desde el inicio hasta nuestra llegada a Santiago. Entre esos momentos culinarios, uno de nuestros favoritos es sin duda A Garnacha, una pulpería en Melide a pie del Camino Francés y, sin duda, una parada obligada.

Vista de Melide y su iglesia parroquial
Una parada entre paradas
A mitad de etapa, entre Palas de Rei y Arzúa, ponemos hoy el foco en una parada imprescindible: la pulpería A Garnacha. Melide aparece aproximadamente en el kilómetro 53 de este último tramo del Camino Francés, justo cuando las piernas empiezan a notar de verdad el peso de la mochila y el cuerpo pide una recompensa.
Recuerdo perfectamente la primera vez que llegué a Melide. Después de cruzar sus calles, el Camino desemboca en la carretera principal y, casi sin darte cuenta, ahí está: A Garnacha, a pie de ruta, ocupando buena parte de la fachada con su local amplio y luminoso. Lo primero que ves son las grandes ventanas abiertas a la calle, y detrás de ellas, los pulpeiros moviéndose sin parar alrededor de las ollas humeantes.
Es imposible pasar de largo. El olor del pulpo recién hecho te alcanza antes incluso de llegar a la puerta. Los chicos que están cocinando bromean con los peregrinos, te invitan a acercarte, te ofrecen un pequeño trozo recién sacado de la olla. Es un gesto sencillo, pero después de tantos kilómetros, ese bocado caliente y tierno tiene algo casi mágico. En ese momento entiendes que no es solo un sitio para comer: es un pequeño ritual del Camino.
Da igual si tu idea es hacer solo una corta parada para continuar la etapa o si tienes previsto terminar el día en Melide; A Garnacha consigue que, como mínimo, te plantees sentarte un rato, compartir mesa y dejar que el Camino también se viva a través del paladar.

El pulpo se puede comer de muchas formas, incluso como bocadillo
Melide, kilómetro 53 de antojo obligatorio
Melide es uno de esos puntos del Camino Francés que muchos peregrinos asocian directamente con el pulpo, y muchos comienzan esta etapa pensando en esta parada. No es solo “parar a comer”, es regalarte un momento de celebración en medio del esfuerzo. Y en ese mapa emocional del Camino, A Garnacha ocupa un lugar muy especial.
Pulpería A Garnacha: tradición y hospitalidad peregrina
Con amplísimas instalaciones pensadas para acoger a los numerosos peregrinos que pasan por este punto, A Garnacha se ha convertido en un lugar de encuentro ineludible en nuestro paso por Melide. Dentro, el bullicio es constante: mochilas apoyadas en las sillas, bastones arrimados a la pared y mesas llenas de platos compartidos.
No lo decimos nosotros: los más de 400 kilos diarios de pulpo que se sirven en sus mesas hablan por sí solos. Hay un ritmo casi coreografiado entre la cocina y la sala: los pulpeiros cortan el pulpo con tijeras sobre los platos de madera, lo aliñan con sal, aceite y pimentón, y los camareros van y vienen entre las mesas con una sonrisa que parece no agotarse nunca.
No sorprende el éxito de A Garnacha si tenemos en cuenta que su propietario pertenece a la tercera generación de una familia de pulpeiros. Su secreto es simple: productos de primera calidad, cocinados con mimo y servidos por un personal encantador. Desde 2005, A Garnacha no ha dejado de crecer, y siempre consiguen que te sientas como en casa: no hay mejor motivo para hacer un alto en el Camino.

Pulpería A Garnacha
El ritual del pulpo á feira (receta incluida)
La receta estrella de la casa es el pulpo á feira, la forma tradicional de prepararlo en Galicia y que, fuera de estas tierras, se conoce como “pulpo a la gallega”. Sentarte en A Garnacha y ver cómo llega a la mesa ese plato de madera humeante es casi un rito: el rojo del pimentón, el brillo del aceite de oliva, el pulpo cortado en rodajas perfectas… y el primer bocado, que siempre sabe a premio.
Ingredientes del pulpo á feira
- 1,5–2 kg de pulpo (mejor si ha sido congelado previamente)
- Sal gruesa
- Pimentón dulce y picante
- Aceite de oliva virgen extra
- Agua
- Opcional: cachelos o patata cocida para acompañar.
Cómo se prepara el pulpo á feira
- Si el pulpo es fresco, congélalo al menos 48 horas antes para ablandar la carne. Descongélalo por completo antes de cocinarlo.
- Llena una olla grande con agua y ponla a hervir. Cuando rompa a hervir, “asusta” el pulpo: sujétalo por la cabeza e introdúcelo y sácalo del agua hirviendo tres veces seguidas. Así conseguirás que la piel se mantenga mejor.
- Deja cocer el pulpo a fuego medio entre 35 y 45 minutos, dependiendo del tamaño. Comprueba el punto pinchando la parte más gruesa de los tentáculos con un palillo: debe entrar con cierta resistencia, pero sin estar duro.
- Mientras el pulpo se cuece, pela y corta las patatas en rodajas gruesas (opcional como acompañante). Cuécelas en otra olla con agua y sal hasta que estén tiernas. Estas patatas pueden ser la base del plato, los famosos cachelos.
- Cuando el pulpo esté en su punto, sácalo del agua y déjalo reposar unos minutos. Después, córtalo con unas tijeras en rodajas de aproximadamente un centímetro de grosor.
- Sirve el pulpo sobre un plato de madera, preferiblemente encima de una cama de patatas cocidas. Espolvorea con sal gruesa, una mezcla de pimentón dulce y picante al gusto y, finalmente, riega generosamente con aceite de oliva virgen extra.
- Disfrútalo caliente, a ser posible compartiendo el plato con otros peregrinos, como se hace en las mejores pulperías gallegas.

Típico plato contundente gallego de pulpo
Mucho más que pulpo: otros manjares para seguir caminando
Aunque el pulpo á feira es el protagonista indiscutible, la carta de A Garnacha ofrece mucho más. Además de este manjar, sirven otros platos exquisitos típicos de la zona, como el caldo gallego, la empanada, la carne ao caldeiro o la oreja “a la Garnacha”. Son platos sencillos, de cocina tradicional, pero con ese punto de sabor casero que se agradece especialmente cuando llevas varios días de Camino. Para rematar la comida, nada mejor que sus postres caseros y un chupito de licor de hierbas que ayuda a la digestión. Es el cierre perfecto para un alto en el Camino que no solo alimenta el cuerpo, sino también el ánimo.

Peregrinos en el puente del río Catasol, a la salida de Melide, contentos después de comer pulpo
Como en casa: un alto inolvidable en el Camino
Salir de A Garnacha y volver a colgarse la mochila tiene algo de pequeño duelo: una parte de ti se quiere quedar un rato más, seguir escuchando el murmullo de las mesas y viendo cómo salen platos sin descanso. Pero al mismo tiempo, vuelves al Camino con la sensación de haber vivido uno de esos momentos que, tiempo después, recordarás con una sonrisa. Porque A Garnacha no es solo un sitio donde comer pulpo en Melide. Es el olor que te recibe antes de cruzar la puerta, el trocito que te ofrecen desde la ventana, las bromas de los pulpeiros, las mesas compartidas con gente a la que quizá no vuelvas a ver, pero con la que has brindado por haber llegado hasta allí.
Si haces el Camino Francés desde Sarria, guarda bien este nombre: A Garnacha. Cuando llegues a Melide y veas el vapor salir de las ollas junto al Camino, entenderás por qué para muchos peregrinos esta pulpería es, más que una simple comida, una de esas paradas obligadas que desde Viajes Camino de Santiago recomendamos encarecidamente no pasar por alto.


