Creo que no os descubrimos nada si os decimos que los pies sufren mucho en este recorrido. Por ello, nos hemos esforzado especialmente para que conozcáis los mejores consejos a la hora de comprar calcetines antiampollas para el Camino de Santiago.
Un calcetín normal no satisface las necesidades especiales que surgen en recorridos en los que la distancia a caminar es tan grande. Por ejemplo, el Camino Francés completo mide más de 700 kilómetros. Proteger los pies será nuestra principal prioridad si lo que queremos es una experiencia cómoda.
Además, las ampollas son la lesión más común que se produce y una de las más molestas. Elegir bien es, por tanto, algo vital.

Los calcetines antiampollas no son mágicos

Uno de los problemas del marketing es que, sin duda, exagera las bondades de lo que se vende. De hecho, el propio nombre (antiaampollas) puede dar la falsa sensación de que este tipo de calcetines impedirán la aparición de esta clase de lesiones, lo cual es falso.
Un calcetín no es una pieza en la que quepa mucho margen de maniobra, por lo que no se pueden esperar milagros de ellos. Los calcetines antiampollas lo que buscan es que sea más difícil que nos salgan ampollas, pero esto no quiere decir que no nos vayan a salir. Saldrán menos, eso sí, pero no hacen magia. Recuérdalo.
Las botas de un peregrino sobre unas rocas
Por este motivo, no hay que descuidar las tareas de prevención que, por norma general, son las mismas que se aplican a las zapatillas. La norma básica y pilar fundamental del cuidado del calzado es que