El Camino de Santiago es mundialmente conocido, y, pese a ello, alberga todavía algunos secretos que tan solo unos pocos afortunados han podido descubrir. Este es el caso del Camino Vadiniense. Parte de la ruta coincide con el Camino Libadiense. Esta vía jacobea se adentra en una de las maravillas naturales de España. El Parque Nacional de los Picos de Europa.

Aunque exigente por sus grandes desniveles, la ruta merece la pena. También lo merece hacer un alto en el camino para explorar los verdes valles, las altas cumbres y, como no, la etnografía de la zona. Todo siempre acompañada del buen comer. Hagamos un repaso de lo que nos pueden ofrecer los Picos de Europa.

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Camino de Santiago: La ruta Vadiniense

Comenzaremos nuestro camino por la poco conocida ruta Vadiniense. Una de las mejores opciones de las que el peregrino dispone para aventurarse en el gran macizo cantábrico. Transcurre imponente por territorios cántabros, astures y castellanoleonenses.

Sin detenernos en el trazado y etapas de esta alternativa del Camino de Santiago (encontraréis información al respecto en otra entrada del blog), es de mención forzosa la visita a Liébana, cuyo Beato contempla en el siglo VIII a Santiago Apóstol como patrón y protector de la por entonces Hispania; escribe:

Oh, muy digno y muy santo Apóstol,
dorada cabeza refulgente de Hispania,
defensor poderoso y patrón especialísimo
asiste piadoso a la grey que te ha sido encomendada.

[O Dei Verbum]

Especialmente relevantes resultan también el tránsito por la calzada romana entre Las Salas y Villayandre-Verdiago, así como el tramo de la Remoña y el puerto de Pandetrave (1562m). En él disfrutaremos de inmejorables vistas de la verde montaña cantábrica.

Todo ello, deleitando nuestra vista no solo con el agua corriendo en los profundos valles, el verde de las laderas o la roca impasible de la alta montaña, sino también por la acción de manos humanas que, durante siglos, habitaron la zona. La arquitectura, civil y religiosa, es simple y llanamente, formidable. Arquitectónicamente, el románico domina la escena, salpicada también de arte prerrománico. Encontraremos, asimismo, muestras etnográficas como hórreos y pallozas reacondicionadas mientras transitamos por verdes prados cubiertos de “capilotes” (también conocidos como narcisos de la reina).

 

Si, exhausto de tanta belleza, el peregrino decide hacer un alto en su ruta y salirse del camino, en la zona existen infinitud de rutas y actividades que, al igual que ocurre durante el Camino de Santiago, alimentarán el estómago, pero sobre todo el espíritu.

Disfrutando del paisaje: senderismo en Picos de Europa

Comenzando con la rutina que sin duda el peregrino trae, esa que pasa por ejercitar el cuerpo diariamente durante unas horas, nadie debería perderse la asequible, pero impresionante, ruta del Cares: 12 kilómetros lineales sin apenas dificultad ni desnivel, pero que transcurren por un valle de alta montaña, con grandes pasos oradados en la roca, que no dejan a nadie indiferente. Aunque parcialmente masificada en festivos y temporada alta, la afluencia de gente tiene sus ventajas: existen excursiones desde Cangas de Onís, para que la experiencia sea cómoda. Para aquellos que escojan esta opción, no deben salir de Cangas de Onís sin probar la exquisita sidra casera de Isidorín.

Continuando el viaje, a 8km de Poncebos, punto de inicio o llegada de la ruta del Cares, encontramos Bulnes, imagen de la tradición en Picos de Europa, como así lo es Sotres, desde donde podremos admirar (y los más preparados, ascender) el icono del macizo cantábrico: el Naranjo de Bulnes.

No podemos dejar de mencionar, para los amantes de la montaña y el senderismo la visita a los Lagos de Covadonga y el teleférico de Fuente Dé, que nos transporta al corazón de la alta montaña, a medio camino ya entre la tierra y el cielo.

Picos de Europa

Porque no todo es andar: gastronomía y ocio

Pero, en sus hazañas de explorador y montañero, el peregrino a Santiago merece también gozar de la multitud de actividades y visitas que los Picos de Europa ofrecen. Desde la estación de esquí de San Glorio en Portilla de la Reina hasta deportes de agua como la vela, el rafting o el descenso del sella. Numerosos deportes de nieve, pero también espeleología, barranquismo, o via ferrata  harán las delicias de los aventureros.

Y ya que mencionamos Valdeón… los quesos son una de las maravillas gastronómicas de la zona. El queso azul de este valle, la D.O. Quesucos con sus cuatro variedades, el de Cabra de Riaño, Sajambre, de la Reina, Villalón… la lista de posibilidades es inagotable.

Entre la gastronomía, también de mención obligada son el cocido lebaniego, el montañés y el de arbejos, la chafaina (típicamente comida por pastores en la montaña), y el pescado fresco de río, que hace de la sopa de trucha insignia.

Monasterio de Gradefes

¿Y para el postre? El lugar de referencia para los más golosos será el monasterio de Gradefes, en la zona leonesa del camino Vadiniense a Santiago. De arquitectura románica, las hermanas cistercienses que lo habitan, deleitan el paladar con lazos de San Guillermo, coquillos y roscos, virutas de S. José, sequillos de la Madre Pilar… ¡Toda una experiencia no apta para diabéticos!

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