Si estabas pensando en hacer una escapada dinámica pero no sabes dónde, tenemos la solución a tu gran pregunta. Cuenca resultará el destino ideal tanto si eres un amante de la naturaleza como un apasionado de la cultura y el buen comer. Ante tal variedad, no es de extrañar que fuera declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1997. Si has elegido esta maravillosa ciudad llena de historia como destino, estamos seguros de que no va a dejarte indiferente. Es por eso que hoy queremos guiarte y acompañarte en la planificación de tu viaje para que no pases nada por alto.

Cuenca es una ciudad de Castilla la Mancha que se encuentra situada entre los ríos Júcar y Huécar. Aunque se sabe que existe desde el Paleolítico, lo que se conserva hasta la actualidad es perteneciente a la conquista árabe y su posterior reconquista cristiana. Ahora que sabes esto te será muchísimo más sencillo comprender el porqué de su belleza. Si decides parar al llegar para poder apreciar las vistas, vas a ver a Cuenca posada sobre rocas como por arte de magia. Esta ciudad tiene un terreno casi por completo montañoso, con cuestas y suelo empedrado, así que si piensas recorrerla a pie deberás llevar un calzado cómodo.

¿Qué ver en Cuenca?

Puente San Pablo

En primer lugar, no puedes perderte el Puente colgante San Pablo. Actualmente está hecho de vigas que resultan similares a las de la Torre Eiffel. Esta reconstrucción se hizo en 1902 por el derrumbe del anterior y original. El puente antiguo, que era de piedra, fue construido para salvar la hoz natural que tiene el Río Huécar. Desde aquí vas a poder ver las famosas “casas colgadas” desde una perspectiva panorámica única. ¡Por no hablar de la vista que tienes desde allí del río! Ten en cuenta que hablamos de un puente de 60 metros de altura máxima y un paisaje repleto de zonas verdes y pequeñas casitas al fondo que te harán sentir que estás en un cuento de hadas.
Puente colgante San Pablo Cuenca