Quien sueña con hacer el Camino de Santiago tarde o temprano acaba escuchando el nombre de Oviedo. En pleno corazón del casco histórico se alza la Catedral de San Salvador, un templo que lleva más de mil años recibiendo a peregrinos, reyes, comerciantes y gente de todas partes que se ponía en ruta hacia la tumba del Apóstol.
Oviedo, ciudad cómoda y recogida, fue durante siglos capital del reino asturiano. Entre palacios, plazas y casas porticadas, la silueta de la Catedral del Salvador manda sobre el perfil urbano y actúa como faro. La catedral, en la Edad Media, era un santuario de primera categoría, un punto al que se venía a venerar reliquias y a pedir protección. Para quien llega hoy con mochila, este edificio tiene un doble papel: monumento gótico impresionante y, a la vez, punto clave en el Camino de Santiago. Entrar, dejar un momento la mochila, visitar la Cámara Santa y volver a salir a la plaza es, para muchos peregrinos, un gesto que marca el auténtico comienzo o final de peregrinación, sea en el Camino Primitivo o en el Camino del Salvador.

Catedral de San Salvador de Oviedo
Un poco de historia
La historia arranca en el siglo VIII, cuando el rey Fruela I manda levantar una iglesia dedicada al Salvador en este mismo lugar. Unos años después, Alfonso II el Casto traslada la capital del reino a Oviedo y decide rodear la iglesia con un conjunto de edificios palatinos y religiosos. Entre ellos está la Cámara Santa, construida para guardar reliquias que llegaban desde distintos puntos del mundo cristiano.
Durante la Edad Media, ese conjunto prerrománico fue el centro espiritual del reino asturiano. Pero a partir de los siglos XIV y XV, el cabildo decide dar un salto de escala: derribar buena parte de las construcciones anteriores y levantar una gran catedral gótica, alta y luminosa, siguiendo el modelo de las grandes sedes de la época. La mayor parte del edificio gótico se levanta entre los siglos XIV y XV, pero la fachada principal y la esbelta torre se completan ya en el XVI, manteniendo el lenguaje gótico incluso cuando el Renacimiento estaba de moda en otros lugares. Más adelante se añaden capillas barrocas, se reforman espacios y se enriquecen los retablos, de modo que hoy la catedral es una mezcla muy armónica de épocas distintas.
En el siglo XX sufre un golpe durísimo: la Cámara Santa es volada en 1934, aunque se reconstruye con fidelidad, reutilizando materiales originales, y se consagra de nuevo en los años cuarenta. Gracias a ello, el visitante actual puede seguir entrando en un espacio que, pese a la herida histórica, conserva su atmósfera antigua.

Alfonso II el Casto, uno de los protagonistas en la historia de Oviedo
¿Cómo es la catedral por fuera y por dentro?
Por fuera, lo primero que llama la atención es la gran torre gótica que se ve desde muchos puntos de Oviedo. Funciona casi como una brújula: si ves la torre, sabes dónde está el Salvador. La fachada, con sus tres portadas, marca ya la estructura interior de tres naves y presenta esculturas de reyes y escenas religiosas que recuerdan el origen real y devocional del edificio.
Por dentro, la planta es de cruz latina. La nave central es alta y está cubierta por bóvedas de crucería, esas estructuras de piedra con nervios cruzados que reparten el peso y dan sensación de ligereza. Los pilares, formados por varios fustes adosados, se elevan hacia arriba y van marcando el paso hasta el altar mayor. A lo largo de las naves se abren capillas de distintas épocas, lo que convierte la visita en un pequeño viaje en el tiempo.
El claustro, de trazado gótico, es un espacio perfecto para desacelerar. Rodeado de arcos apuntados y tumbas antiguas, invita a pasear despacio, a leer inscripciones y a dejar que el ruido de la ciudad quede al otro lado de los muros.

Catedral de Oviedo
La Cámara Santa
La Cámara Santa es el corazón más simbólico del conjunto. Nació como capilla palatina para guardar reliquias y hoy forma parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO. En su interior se custodian piezas clave como la Cruz de los Ángeles, la Cruz de la Victoria o el Arca Santa, además de otras reliquias de enorme tradición. Más allá de la devoción personal de cada uno, entrar en la Cámara Santa es entrar en una cápsula de tiempo: la escala es más íntima, la piedra habla de siglos de historia, y el contraste con el gran espacio gótico de la catedral hace que la experiencia sea muy intensa.
Capillas, coro y retablo
Mientras recorres las naves encontrarás capillas dedicadas a distintos santos, imágenes muy cuidadas y retablos que resumen escenas bíblicas. El coro, situado en el centro, y el retablo mayor forman un eje visual muy potente. El retablo, con sus escenas talladas y doradas, funciona como un gran resumen en imágenes de la vida de Cristo y de la fe cristiana.

Un peregrino caracterizado antiguo frente a la Catedral de Oviedo
Oviedo y el Camino Primitivo
El Camino Primitivo une la Catedral de San Salvador con Santiago de Compostela y se considera la ruta jacobea más antigua. La tradición habla del rey Alfonso II como primer peregrino del Camino de Santiago, viajando desde Oviedo hasta el recién descubierto sepulcro del Apóstol en Compostela. Aunque los detalles históricos se matizan, la idea central es clara: desde aquí se impulsó uno de los primeros grandes caminos a Santiago.
Hoy, empezar el Camino Primitivo en Oviedo tiene una carga simbólica fuerte. Muchos peregrinos hacen lo mismo: llegan a la ciudad, visitan la catedral, sellan la credencial, se toman un rato en la Cámara Santa o en el claustro y, solo entonces, salen a buscar las primeras flechas amarillas camino de las montañas asturianas.
El Camino del Salvador, de León a Oviedo
El Camino del Salvador une León con Oviedo cruzando la Cordillera Cantábrica. Nació porque muchos peregrinos que venían por el Camino Francés querían desviarse para venerar las reliquias del Salvador antes de seguir rumbo a Santiago. De ahí nace el famoso refrán jacobeo: “Quien va a Santiago y no al Salvador, visita al criado y olvida al Señor”.
Hoy nadie te obliga a hacer ese desvío, pero el mensaje de fondo sigue siendo sugerente: además de la meta en Santiago, hay otros grandes santuarios en el camino que merecen la pena. Muchos caminantes encadenan Camino del Salvador y Camino Primitivo, haciendo una especie de gran ruta del norte espiritual: León – Oviedo – Santiago.
Esa combinación convierte a la Catedral de Oviedo en un puente entre dos experiencias: la de la gran ruta histórica del Camino Francés y la de las sendas más agrestes y silenciosas del norte. Llegar al Salvador después de cruzar puertos de montaña, nieblas y valles estrechos hace que la entrada en la ciudad tenga un sabor muy especial.

La flecha amarilla es universal en los caminos jacobeos, y en el Camino del Salvador también la encontrarás
Oviedo, un punto cero para tu historia del Camino
Salir de la catedral y volver a la luz de la plaza es un pequeño rito de paso. La torre del Salvador queda a tu espalda, las calles del casco histórico se abren delante y, en algún lugar, una flecha amarilla marcará el Camino. En ese momento, Oviedo deja de ser solo una visita cultural para convertirse en una fecha clave de tu historia personal del Camino.
La catedral habrá sido para ti muchas cosas a la vez: refugio, museo, archivo de reliquias, lugar de silencio, símbolo de un reino antiguo y, sobre todo, escenario del instante en el que te dices “sigo adelante”. Cada paso que des después, sea por el Camino Primitivo o por el Camino del Salvador enlazando con otras rutas, llevará algo de esta piedra, de esta luz y de este nombre: San Salvador.
Si estás planeando tu ruta o soñando con ella, merece la pena reservar un espacio para visitar este lugar. Dejar que la Catedral de Oviedo sea tu punto cero es una manera muy hermosa de unir tu propio viaje con la larga cadena de peregrinos que, antes que tú, también pasaron por aquí, se detuvieron un momento ante el Salvador… y luego siguieron caminando hacia Santiago.



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