En los últimos años el Camino de Santiago ha adquirido una importante dimensión educativa convirtiéndose en un gran espacio de aprendizaje. Un itinerario formativo, vital y experiencial cuyas enseñanzas tienen un gran valor para el alumnado, haciéndoles crecer tanto en su dimensión personal como espiritual a lo largo y ancho de todas sus diferentes rutas. Aprendizajes que cobran aún más sentido en una época tan llena de conflictos como es la adolescencia, haciendo del Camino de Santiago uno de los viajes escolares más recomendados.

Uno de los elementos que dotan a este viaje tan alto poder formativo es la gran cantidad de valores que se aúnan a lo largo de la peregrinación. Podría considerarse como una escuela de humanismo, ciudadanía y solidaridad. 

Valorar el esfuerzo y el sacrificio 

Cada alumno/a enfocará el Camino de una forma distinta, caminando a un ritmo que les resulte cómodo. En muchas ocasiones resulta difícil mantener un ritmo constante y pueden llegar a surgir imprevistos (ampollas, rozaduras, tendinitis, demasiado calor, frío, lluvia etc.) En este contexto la famosa frase de “El Camino nos hace a todos iguales” cobra todo su significado. Todos nos cansamos, sudamos, nos duelen los pies o nos salen ampollas. El esfuerzo personal nos hace a todos iguales. Y esto es algo sumamente importante especialmente en edades en las que tienden a compararse unos con otros.