Seguramente pensabas que el plan del verano era ir a un campamento de surf o quedarte en el sofá con la consola, pero aquí estás: tus padres te han liado para ir a caminar a Galicia. Y antes de que pongas los ojos en blanco, déjame decirte una cosa: esto es mejor que cualquier battle royale. Aquí el mapa es real, los gráficos son más que 8K y, créeme, lo que decide el éxito de tus vacaciones no es el dónde, sino el con quién.

El Camino es el campamento definitivo. Sin monitores con silbato, sin horarios absurdos de manualidades y con una libertad que no tienes en el instituto. Pero para que esto sea épico y no acabes odiando a la humanidad en el kilómetro 5, tienes que controlar tu inventario. Tienes suerte: tus padres han contratado el transporte de equipaje, así que el “bulto grande” viajará en furgoneta. Pero tú llevarás la mochila pequeña, tu “mochila de ataque”. Y ahí es donde se demuestra quién es un novato y quién viene a comerse el mundo. Y para esta misión, aquí tienes nuestra guía para no liarla con el equipaje.

La maleta fantasma (esa que NO cargas, pero que necesitas)

En el macuto grande que te recogen cada mañana y te dejan en el siguiente albergue es donde va la logística aburrida. Pero ojo, no te pases metiendo cosas “por si acaso”, o tus padres te mirarán mal al cerrar la cremallera.

  • La regla del tres: Tres camisetas, tres mudas, tres pares de calcetines. No necesitas un outfit diferente para cada día. Aquí vienes a sudar y ensuciarte (un poco), pero sobretodo, a vivir.
  • Calcetines nivel Dios: Ni se te ocurra traer esos tobilleros viejos con agujeros. Necesitas calcetines sin costuras. Tus pies son tu vehículo; cuídalos más que al móvil.
  • El abrigo justo: Sí, en Galicia refresca, pero no te traigas el plumas del Ártico. Un polar y un chubasquero van que chutan. Y tranqui, que hasta los labios cortados y las mejillas rojas a primera hora del día tienen su encanto aventurero.
  • Zapatillas domadas: Prohibido estrenar calzado. Si traes botas nuevas, prepárate para una carnicería en tus talones. Trae las que ya saben cómo andas.

Tu mochila de ataque (o tu inventario de supervivencia)

Esta es la que llevarás pegada a la espalda durante la etapa. Tiene que ser ligera, como si no llevaras nada, pero tener lo justo para salvarte el día.

  • La Credencial: Es lo más importante. Sin ella no hay sellos, y sin sellos no hay Compostela. Convertir cada bar o iglesia en una misión para conseguir un sello es parte de la gracia. Cuídala para que no se moje.
  • Tus papeles (DNI y Tarjeta Sanitaria): Sí, ya tienes edad para llevar tu propia documentación. Métela en una bolsa de plástico tipo zip para que no se empape si llueve. Eres responsable de ti mismo; demuéstralo.
  • Botiquín de urgencia: No esperes a que tus padres te curen. Lleva un par de tiritas o Compeed para las ampollas y crema solar. El sol pega duro y acabar rojo gamba no es heroico, es de novato.
  • Agua y combustible: No cargues dos litros de agua. Lleva una cantimplora y rellena en las fuentes. Y algo de picar (frutos secos o una barrita), pero sin pasarte.
  • Un chubasquero ligero: Porque en el norte el cielo se cae cuando menos te lo esperas.

Jóvenes caminando ligero VS adulto con mucho peso

La lista de prohibidos (lo que se queda en casa SÍ O SÍ)

Aquí es donde la mayoría falla. Quieres llevarte tu habitación a cuestas. Error. En el Camino de Santiago no necesitas trastos supérfluos. Toma nota:

  • El “búnker digital” (consola/tablet): Déjala. No la traigas. La aventura es desconectar. Si te aburres, inventa algo.
  • Libros tochos: Te prometes que vas a leer una saga entera, pero la realidad es que dormirás casi todo el tiempo. Llegas tan reventado que no vas a leer a nadie. Si quieres leer, lleva algo fino.
  • El “por si acaso”: Nada de “por si me aburro”, “por si vamos a una fiesta elegante”. Mal. Vienes a caminar, a comer bocadillos y a reírte con gente nueva. Lo demás sobra.

La misión final

Hacer el Camino no va de llegar el primero, sino de llegar entero y con historias que contar. Al principio te quejarás. Pensarás que por qué no te quedaste en tu barrio. Pero luego, cuando lleves unos días, te darás cuenta de que mola sentirte capaz de hacer 20 kilómetros por tus propios medios. Aprenderás que para avanzar lejos hay que ir ligero, en la mochila y en la cabeza. Y esa lección te servirá mucho en la vida, incluso, más que cualquier cosa que aprendas en el insti este año.