El Camino de Santiago no es una carrera ni una competición, y cada uno debe vivirlo a su propio ritmo. Si no quieres lesionarte olvídate de las prisas y no te obsesiones con llegar el primero.

El Camino te invita a ir despacio, a contemplar el paisaje, a disfrutar de la compañía y de la soledad. Porque por muy lento que camines, te aseguramos que nunca te sentirás perdido o desamparado, siempre te encontrarás con gente con la que compartir camino.

 

Además, el guía irá pendiente en todo momento del grupo, proponiendo paradas para los que quieran esperar por los demás.