Todo el mundo puede hacer el Camino de Santiago con independencia de sus creencias. Con el paso de los siglos el Camino dejó de ser una peregrinación fundamentalmente religiosa para convertirse también en un acontecimiento cultural. Muchos peregrinos tienen motivaciones relacionadas con la fé y la espiritualidad, pero también ganas de aventura, de conocer gente, de encontrarse a sí mismos y superar retos personales. Nadie te va juzgar por tus motivaciones.