Camino a Finisterre – Historia y misterios del Camino más espiritual

Camino al Fin del Mundo Finisterre

El Camino a Finisterre y Muxía es considerada desde hace siglos la ruta más espiritual de todos los Caminos de Santiago. No sólo por el halo de enigmas, misterios y leyendas que envuelven esta parte de A Costa da Morte, si no por el significado trascendental que tiene para los peregrinos y peregrinas que realizan el Camino de Santiago.

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Historia del Camino a Finisterre: Lo que se esconde tras el Fin del Mundo.

El fin del mundo para los romanos

La historia del Camino a Finisterre comienza hace muchos siglos, cuando medio mundo vivía convencido de que la tierra era plana. Se creía que era una especie de plancha sólida que flotaba sobre un océano misterioso y enigmático, lleno de aguas sombrías, aterradoras y repletas de mostruos, era el llamado Mare Tenebrosum. Según esta teoría, el mundo terminaba en un lugar muy concreto más allá del cual no había nada. Este lugar donde terminaba el mundo fue bautizado por los romanos como Finis Terrae, traducido al castellano como Fin de la Tierra y de ahí su topónimo actual, Finisterre.

Los celtas y el Ara Solis

Pero el Camino a Finisterre ya era considerado un lugar de peregrinaje para los celtas. Estos pobladores erigieron un importante lugar de culto dedicado al astro rey, el Ara Solis. Este era el lugar en el que sol era visto por última vez cada día, donde comenzaba el gran misterio, el mundo de los muertos o la isla de la eterna juventud. Podríamos decir que el Camino a Finisterre comenzó su historia en este momento, ya que era visitado por pobladores que llegaban desde muy lejos con la esperanza de encontrar la inmortalidad para la vida futura.

El cristianismo 

Por lo tanto, esta ruta nació como una camino pagano que nada tenía que ver con el cristianismo. Sin embargo, con el descubrimiento de los restos del apóstol Santiago y la cristianización de la península, no tardó en incorporarse a la red de caminos que frecuentaban los peregrinos que se dirigían a Compostela. La iglesia hizo un importante esfuerzo por incorporar un camino considerado “pagano”, a la red de peregrinación cristiana más importante de Europa.

Finisterre El Fin del Mundo

Etapas del Camino a Finisterre

Como ya sabrás, el Camino a Finisterre es el único de los Caminos que tiene como punto de partida Santiago de Compostela. Lo habitual es que los peregrinos que terminan cualquiera de las rutas jacobeas en Santiago, decidan prolongar su viaje más allá de la Catedral.

Existen varias rutas para llegar a Finisterre, la más popular cuenta con 99 km desde Santiago a Finisterre y se puede realizar en apenas cinco días. En caso de disponer de más tiempo recomendamos alargar un poco más la ruta y hacer el Camino de Finisterre y Muxía, visitando el famoso santuario de Nosa Señora da Barca.

Etapas del Camino a Finisterre

Etapas del Camino a Finisterre y Muxía 

En cuanto a su dificultad, se trata de una ruta bastante tranquila y sin grandes desniveles. Encontrarás pueblos muy interesantes, como Ponte Maceira, catalogado como uno de los Pueblos Más Bonitos de España. Pasarás por pintorescas aldeas rurales, pazos, cruceiros e innumerables hórreos. La lluvia se convertirá en tu compañera de viaje y terminarás enamorándote de las mañanas de bruma caminando entre los frondosos bosques atlánticos.

Historias y leyendas del Camino a Finisterre

Sabemos que todo peregrino/a que pone sus pies en tierras gallegas queda fascinado por la gran cantidad de mitos, leyendas y misterios que esconde esta tierra de meigas. Estás en A Costa da Morte, un lugar cuyo mar embravecido por los fuertes temporales y el fondo rocoso, han provocado más de 640 naufragios desde la Eda Media, sin contar todos aquellos que no habrán sido documentados. En sus fondos reposan todo tipo de embarcaciones, desde naves romanas, bergantines, galeones, veleros, pesqueros, submarinos, fragatas hasta potentes mercantes y petoleros.

Otra parte de la historia por la que es conocida esta costa gallega son los numerosos naufragios que en ella sucedieron. El mar embravecido por los temporales que asolan la costa y el fondo rocoso, han provocado, según nos cuenta el historiador Rafael Lema ,más de 900 naufragios desde la Edad Media, sin contar todos aquellos que no habrán sido documentados. En sus fondos reposan todo tipo de embarcaciones, desde naves romanas, bergantines, galeones, veleros, pesqueros, submarinos, fragatas… hasta potentes mercantes y petroleros.

Crónicas de naufragios en A Costa da Morte  

El terrorífico topónimo de Costa da Morte, nació en la prensa inglesa a finales del siglo XIX. En esa época, los periódicos informaban que los habitantes de esa parte de Galicia atraían con antorchas a los buques que se perdían entre la niebla para asaltarlos y desvalijarlos. Las historias también contaban que tras los naufragios, muchos marineros aparecían con los dedos y las manos amputadas. ¿Invención? Cuando yo era chaval y encallaba un barco íbamos y lo desvalijábamos entero. Mi abuela me contaba que ellos incluso les cortaban los dedos a los marineros ingleses muertos para robarles los anillos. De invención nada». Cuenta Ramón Vilela, conocido como Moncho do Peso, percebeiro jubilado y vecino de Muxía. 

El Barco del Gato Capitán 

Se cuenta también que, en 1945, una nave de cabotaje soltó amarras un día de temporal y tras varias horas por la ría de Bergantiños, terminó encallado en un bajo de arena, con la sorpresa de que en su interior solo había un gato, el gato capitán de barco. 

El Chamois

En otra ocasión, un buque inglés encalló en la costa. Cuenta la leyenda que un vecino que acudió a socorrerlo les preguntó si necesitaban ayuda. El capitán le entendió que le preguntaba por el nombre del barco, “El Chamois”, entendiendo el hombre que se trataba de un barco que traía un cargamento de bueyes (bois en gallego). En pocos minutos llegaron al lugar decenas de vecinos con cuchillos y machetes dispuestos a dar buena cuenta de los supuestos bueyes ante la mirada perpleja y aterrorizada de los tripulantes ingleses. 

El naufragio del Nil

Quizás el naufragio más vivo y presente en la comarca por las implicaciones sociales que tuvo fue el Nil, un mercante que encalló en la zona en 1927 repleto de enseres: máquinas de coser, telas, harinas, alfombras y hasta piezas de coche. La naviera propietaria del bique tuvo que contratar vigilancia privada. Pero a pesar de la protección armada, los vecinos se las apañaron para rapiñar todo aquello que podían. Como anécdota, se cuenta que uno de los cargamentos que llegó a tierra fueron grandes cajas de leche condensada. Los habitantes de la comarca nunca habían visto este producto y pensaron que se trataba de pintura, por lo que la utilizaron para pintar sus casas. No tardaron en darse cuenta del error al ver los enjambres de moscas que tomaron el pueblo. 

Leyenda de la almeja gigante

Cuenta la leyenda que una almeja gigante y monstruosa hacía zozobrar a numerosos barcos que navegaban por esta costa. Cuando el molusco abría su concha, la zona se envolvía en una espesa niebla que cegaba a los marineros, produciéndoles espejismos y dejándolos totalmente desorientados. Al desovar, la gigantesca almeja lo hacía en la costa, formando en la piedra caprichosas formas que a día de hoy aún se pueden apreciar. 

La almeja se alimentaba de algas por la noche, de ahí su color verdoso. Sus pequeños ojos detectaban las sombras de las embarcaciones. Se trataba de una auténtica depredadora, ya que una vez el barco naufragaba, devoraba a sus ocupantes. 

Se dice, que en los días de niebla, aún se escuchan tañir sus enormes conchas, provocando el estallido del mar que brama enfurecido por toda la costa. 

Esperamos que hayas disfrutado de este viaje por la historia y los misterios de A Costa da Morte.

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